COP15: perder tiempo cuando ya no queda tiempo (segunda parte)

Imagen: Markus Spiske / Unsplash. Imagen: Markus Spiske / Unsplash.

“Vivimos en un tiempo en que cambio climático y pérdida de biodiversidad van de la mano en cuanto a las consecuencias de su progresivo avance. Las soluciones para evitar el colapso son bien sabidas y pasan por el cambio absoluto de un modelo económico que no tiene en cuenta los límites ecosistémicos del planeta ni siquiera la pervivencia de sus elementos vivos, incluida nuestra especie”.
 

Por Eva Garcìa Sempere*

Mundo Obrero, 27 de febrero, 2023.- Perder tiempo cuando ya no queda tiempo fue el título del artículo sobre la COP27 que se publicó en el anterior número de Mundo Obrero. Lamento profundamente que tenga que reciclarlo para esta COP15, la Cumbre Mundial de la biodiversidad biológica, pero sin duda refleja bien lo que ha ocurrido.

Escribíamos a cuenta de la COP14 que tuvo lugar en 2018 si hay alguien ahí que se acuerde de la biodiversidad, una cumbre que pasó sin pena ni gloria por los medios de comunicación, como una suerte de hermana pobre de la COP famosa, la que trata sobre el cambio climático.

La pérdida de la naturaleza y la biodiversidad tiene un alto costo humano que medimos en empleos perdidos, hambre, enfermedades y muertes

Sin duda la pandemia de la covid nos trajo una nueva visión de la importancia de la biodiversidad y el papel que tiene en nuestra vida, incluida la salud. Nos permitió entender mucho mejor qué era eso de la One Health y por qué la salud ambiental es clave para la salud humana y que la pérdida de biodiversidad es el problema ambiental más grave, juntamente con el cambio climático, al que debe enfrentarse el ser humano en la actualidad.

Y es que la biodiversidad proporciona muchos beneficios fundamentales para el ser humano: en primer lugar, y lo que nos viene de manera inmediata a la cabeza, por el suministro de materias primas. Pero más allá de esto, la pérdida de biodiversidad comporta numerosos efectos negativos sobre varios aspectos del bienestar humano; compromete nuestra seguridad alimentaria, nos hace más vulnerables ante desastres naturales, pero también afecta a la salud humana, las relaciones sociales y la libertad de elección. No se trata solo de la pérdida de especies emblemáticas y que tanto nos conmueve (que también), sino que compromete nuestra propia calidad de vida y la salud de los ecosistemas.

Los menos responsables de esta destrucción son siempre los primeros en sentir los impactos. Pero nunca son los últimos

Y siendo, como es, tan importante la biodiversidad en nuestras vidas… ¿qué hemos hecho, como sociedad, para frenar la pérdida de biodiversidad y detener eso que llamamos la sexta extinción? Pues desde la Cumbre de Río, en 1992, y 15 Conferencias de las Partes (COP) después, podemos decir sin paños calientes que poco, muy poco, y muy tarde.

Así empezó, la conferencia que nos ocupa, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres: «La pérdida de la naturaleza y la biodiversidad tiene un alto costo humano. Un costo que medimos en empleos perdidos, hambre, enfermedades y muertes. Un costo que medimos en las pérdidas anuales estimadas de 3 billones de dólares para 2030 debido a la degradación del ecosistema. Un costo que medimos en precios más altos de agua, alimentos y energía. Y un costo que medimos en las pérdidas profundamente injustas e incalculables para los países más pobres, las poblaciones indígenas, las mujeres y los jóvenes. Los menos responsables de esta destrucción son siempre los primeros en sentir los impactos. Pero nunca son los últimos».

Uno de los principales objetivos era lograr un acuerdo ya que, a diferencia de la COP climática que sí tiene un Acuerdo de París consensuado (con evidentes lagunas y falta de interés político en ser llevado a cabo, pero al menos existe) la COP de biodiversidad aún no tiene un consenso respecto de la acción a realizar en esta década. Y este objetivo se hace incluso más urgente toda vez que llega después de que los países no cumplieran con ninguna de las metas de Aichi que se habían establecido para la década 2010-2020.

  • Acuerdo Kunming-Montreal

En cuanto a esto, podemos concluir que el objetivo se ha cumplido: la COP15 acabó con la aprobación del acuerdo Kunming-Montreal y esto es un hecho histórico. Una buena noticia empañada, sin embargo, por la insuficiencia en cuanto a los avances contenidos que no lograrán frenar la pérdida de biodiversidad para 2030.

Una de las claves para el buen discurrir de la COP15 radicaba en la aprobación de una estrategia internacional para la biodiversidad (Marco Global Post-2020) y, aunque se ha alcanzado la aprobación de este Marco Global, muchas de las medidas necesarias para su cumplimiento han quedado fuera del texto.

  • Protección del 30% de áreas marinas y terrestres

Si bien se alcanzó un acuerdo dentro del Marco Global para la protección del 30% de las áreas marinos y terrestres antes de 2030, para su cumplimiento es clave garantizar la protección efectiva. Encontramos, por un lado, que no se hace referencia a la «protección estricta», la «protección alta y completa» y la prohibición de actividades perjudiciales en las zonas protegidas mientras que, por otro, se permite explícitamente el «uso sostenible».

Tampoco se incluyó una tercera categoría, reclamada por distintos grupos, explícita de áreas protegidas de «territorios indígenas y tradicionales». Por poner un contrapunto positivo, sí recogen la necesidad de reconocer y respetar los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales sobre sus territorios tradicionales.

  • Movilización de recursos

Otro de los puntos clave en esta negociación fue, al igual que en el caso de la COP27, la cuestión de los recursos: el compromiso de “aumentar sustancial y progresivamente” los recursos financieros, movilizando hasta 2030 al menos 200.000 millones de dólares, acordando aumentar los recursos financieros internacionales relacionados con la biodiversidad «para los países en desarrollo, en particular los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo, así como los países con economías en transición».

La petición de esta movilización de fondos se inspira en la decisión de la COP27 de establecer un nuevo Fondo de Pérdidas y Daños. Y casi tan importante como el compromiso de movilizar fondos, está el compromiso de desmovilizar los incentivos y subvenciones que comprometan la biodiversidad en, al menos, 500.000 millones de dólares entre 2023 y 2030.

  • Frenar la extinción de especies e incremento de las zonas verdes.

El texto acordado recoge la necesidad de “garantizar acciones urgentes de gestión para detener la extinción inducida por el ser humano”. Abundando en esta necesidad, uno de los objetivos acordados es que el uso, la recolección y el comercio de especies silvestres sea “sostenible, seguro y legal, evitando la sobreexplotación, minimizando los impactos sobre las especies no objetivo y los ecosistemas, y reduciendo el riesgo de propagación de patógenos”, así como “eliminar, minimizar, reducir o mitigar los impactos de las especies exóticas invasoras sobre la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas”, dado el papel indiscutible que las especies invasoras tienen en la biodiversidad.

  • Sector primario y consumo.

Otro de los objetivos marcados trata de alcanzar una gestión sostenible de las zonas dedicadas a la agricultura, la acuicultura, la pesca y la silvicultura. Asimismo, se insta a los países a promover un consumo sostenible y se pretende alcanzar para 2030 la reducción de la huella mundial del consumo, la reducción a del desperdicio mundial de alimentos, acabar con el consumo excesivo y la reducción sustancial de la generación de residuos. Ni qué decir tiene que estos objetivos han de incorporar una mirada redistributiva y equitativa en esa reducción.

Estos son algunos de los puntos recogidos en el acuerdo final de la COP15. Pero no podemos olvidar que, más allá del texto (importante, pero no vinculante jurídicamente), se hace urgente para alcanzar los objetivos propuestos el que existauna aplicación rápida y ambiciosa a nivel nacional y en colaboración con otros Estados.

La UE, y sus estados miembros, tienen ahora sobre la mesa la oportunidad de incorporar legalmente medidas ambiciosas de protección de la biodiversidad

La UE, y sus estados miembros, tienen ahora sobre la mesa la oportunidad de incorporar legalmente medidas ambiciosas de protección de la biodiversidad en la nueva Ley de Restauración de la Naturaleza y en el Reglamento de Uso Sostenible de Plaguicidas, la aprobación de medidas que vayan encaminadas a la reducción del uso del 50% de los pesticidas y, en el caso de las administraciones locales, trabajar en la renaturalización de los núcleos urbanos y el fomento de la biodiversidad urbana, entre otras muchas cuestiones.

Como ya escribimos para la COP14, vivimos en un tiempo en que cambio climático y pérdida de biodiversidad van de la mano en cuanto a las consecuencias de su progresivo avance. Las soluciones para evitar el colapso son bien sabidas y pasan por el cambio absoluto de un modelo económico que no tiene en cuenta los límites ecosistémicos del planeta ni siquiera la pervivencia de sus elementos vivos, incluida nuestra especie.

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* Eva Garcìa Sempere es coordinadora del Área Federal de Medio Ambiente de Izquierda Unida.

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Fuente: Publicado el 26 de febrero por el portal de Mundo Obrero: https://www.mundoobrero.es/2023/02/26/cop15-perder-tiempo-cuando-ya-no-queda-tiempo-segunda-parte/

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